Al hablar de la historia de Puerto Vallarta se debe hablar de la familia Wulff. El ingeniero Guillermo Wulff llegó por primera vez en 1956 con su esposa, Nelly Barquet, en el vuelo inaugural de Mexicana de Aviación desde Mazatlán, enamorándose al instante de sus playas y su exuberante vegetación decidiendo hacer del puerto su hogar.
Guillermo se erigió como un visionario pionero. Trajo el primer automóvil, gestionó la instalación de la primera central telefónica. Sin embargo, su legado más transformador fue presentar el puerto al célebre director John Huston, quien buscaba una locación para su siguiente película. Este encuentro crucial condujo a la filmación de La Noche de la Iguana en Mismaloya. La cinta, ganadora de cuatro óscares, catapultó a Puerto Vallarta a la escena mundial, atrayendo a la prensa internacional y a iconos de Hollywood como Richard Burton y Elizabeth Taylor, quienes adquirieron propiedades y se enamoraron del lugar.
Nelly Barquet, por su parte, fue una fuerza creativa y empresarial fundamental. Reconociendo el potencial local, fundó la boutique Nelly’s, especializada en ropa bordada, la cual llegó a emplear a más de 125 mujeres artesanas durante tres décadas y exportó sus creaciones a países como Estados Unidos. También fue cofundadora de restaurantes emblemáticos como El Dorado y Las Palomas. Tras separarse de Guillermo, Nelly experimentó un hermoso reencuentro con un amor de su juventud: el reconocido escultor Ramiz Barquet. Fue ella quien lo recomendó a las autoridades para crear obras en el malecón, una gestión que resultó en la instalación de esculturas emblemáticas y consolidó su papel como una promotora esencial del arte y la cultura local.
Juntos, Guillermo Wulff y Nelly Barquet dejaron una huella imborrable. A través de su amor por el destino transformaron un paraje aislado en un destino turístico de fama mundial.

