La manera de entender el amor ha variado según las diferentes sociedades y el contexto histórico. La concepción actual se ha caracterizado, en ocasiones, por el individualismo y la necesidad de satisfacer inmediatamente las demandas afectivas. Este Día del Amor y la Amistad transformemos su celebración. En lugar de limitarlo a un gesto comercial o privado, extendamos su esencia hacia una solidaridad activa y cotidiana. Esta fecha puede ser el punto de partida para incorporar pequeños gestos con gran poder transformador.
El verdadero amor, en su sentido más amplio, se manifiesta en la empatía, el respeto y la ayuda desinteresada hacia quienes nos rodean, conocidos o no.
¿Cómo? Donando sangre, un acto literal de vida. Acogiendo a un animal abandonado, ofreciéndole un hogar temporal y aprendizaje mutuo. Deteniéndonos para comprar comida a una persona sin hogar, reconociendo su dignidad. Dando una segunda vida a lo que ya no usamos: ropa, juguetes o medicamentos.
La solidaridad también es tiempo: una conversación con una persona mayor que vive en soledad o el voluntariado dedicado a una causa que nos mueva. Y está en lo imperceptible: ceder el asiento, ayudar con un paquete pesado, ofrecer una palabra de consuelo.
Celebremos, pues, un día del amor comprometido con la comunidad. Convirtamos la compasión en acción y descubramos que el mayor regalo es el impacto positivo que generamos en los demás. La solidaridad, practicada cada día, es la expresión más pura y duradera del amor. ¿Qué otros gestos sumas tú?


