¡Hasta pronto Ballenas!

Ecología

Por / By: Biol. Óscar Aranda Mena

La temporada oficial de observación de ballenas está a unos días de terminar. Como cada año, el día 23 de marzo es el plazo límite para que las embarcaciones turísticas pueda realizar actividades de turismo con la ballena jorobada. Este plazo no significa que ya no haya ballenas en la Bahía, sino que cada vez serán menos y es más difícil observarlas, pues han comenzado a regresar a sus zonas de alimentación entre las costas de California, Oregon, Washington y las lejanas aguas de Alaska.

Aun así, durante el mes de abril pueden quedar algunas jorobadas rondando por ahí, como las madres cuyas crías nacieron a finales de febrero y aún no están listas para comenzar su larga y peligrosa migración. También pueden verse aquellos machos que durante la temporada decidieron continuar su camino más hacia el sur y ahora vienen subiendo poco a poco desde las costas de Oaxaca, Guerrero y Michoacán.

Suele pasar que fuera de la temporada invernal nos sorprende la inusual presencia de ballenas con mucha actividad, como algún gran grupo de cortejo que lucha agresivamente por “la última hembra disponible”. En estos casos suele haber una trágica historia detrás, en la que una madre ha perdido a su cría por el ataque de las orcas o debido a algún trágico accidente con una embarcación o una red de pesca. Entonces esta hembra, como ocurre también con muchas otras especies de mamíferos, entra de nuevo en celo y es detectada rápidamente por aquellos machos que, aunque estaban a decenas o cientos de kilómetros han detectado su presencia, gracias a esa gran capacidad para poder determinar el origen de los sonidos bajo el mar. Sin embargo el impostergable llamado de la naturaleza les obliga tarde o temprano a volver a sus zonas de alimentación y poder así recuperar toda esa energía perdida durante los meses de ayuno y acumularla nuevamente para la siguiente gran migración.

¿Cómo será su viaje hacia el norte? ¿Se lo ha imaginado alguna vez? Imagínese lo complejo que es navegar ida y vuelta miles de kilómetros al año sin perderse. ¡Son capaces de “desviarse” a Hawaii, pasar por las Islas Revillagigedo y volver a las costas mexicanas! No está del todo claro siguen los campos magnéticos de la tierra o si aprenden la ruta cuando la recorren por primera vez al lado de sus madres, o si aprovechan las señales visuales o audibles que tienen a su disposición para orientarse como la topografía del fondo del mar, las corrientes marinas o los sonidos, tanto los naturales como aquellos causados por los puertos marítimos y las actividades humanas que hay a lo largo de sus rutas. Para migrar, los machos adultos dejan a un lados sus viejas rencillas y vuelven a hacerse amigos, recuperando la armonía y solidaridad que les caracteriza como especie. Prefieren viajar tranquilamente en pares o en pequeños grupos, lo que les permite tanto ahorrar energía y hacerse compañía durante el monótono viaje.

Mientras tanto las madres y sus crías realizan un viaje más lento y generalmente solas, en el que el ballenato se coloca frente a su madre y es “empujado” por ella, aprovechando así las leyes de la hidrodinámica. Así, el gasto de energía del ballenato es mínimo y puede reservarlo para los difíciles momentos que se avecinan. Por suerte no falta algún generoso macho que les escolte por un tiempo, aunque siempre se mantienen en silencio para evitar llamar la atención de las orcas, quienes patrullan incesantemente las costas de California en busca de algún ballenato para alimentarse. Aunque los ataques son comunes, la colaboración inmediata de otros adultos para contraatacar contribuye enormemente a la supervivencia de las crías. ¡Qué viaje tan difícil y lleno de peligros! Tras imaginarme su viaje, no me queda más que reflexionar un poco y desearles un buen viaje, esperando verlas de nuevo: ¡Hasta pronto ballenas!

See you soon Whales!

The official whale watching season is just days away from over. As every year, March 23 is the deadline for tourist boats to carry out tourism activities with the humpback whale. This term does not mean that there are no more whales in the Bay, but rather that they will be fewer and more difficult to watch, as they have begun to return to their feeding areas between the coasts of California, Oregon, Washington and the distant waters of Alaska. .

Even so, during the month of April there may be some humpbacks hanging around, such as mothers whose young were born in late February and are not yet ready to begin their long and dangerous migration. You can also see those males who, during the season, decided to continue their journey further south and are now gradually climbing up from the coasts of Oaxaca, Guerrero and Michoacán.

It sometimes happens that, out of the winter season, we are surprised by the unusual presence of whales with a lot of activity, like some large courtship group which aggressively fights for “the last available female”. In these cases, there is usually a tragic story behind, in which a mother has lost her baby due to the attack of the orcas or to some tragic accident with a boat or a fishing net. Then this female, as also happens with many other species of mammals, goes into heat again and is quickly detected by those males who, although tens or hundreds of kilometers away, have detected their presence thanks to this great ability to determine the sound origin under the sea. However, the urgent call of nature forces them sooner or later to return to their feeding areas and thus be able to recover all that energy lost during the fasting months and accumulate it again for the next great migration.

What will their journey north be like? Have you ever imagined it? Imagine how complex it is to navigate back and forth thousands of miles a year without getting lost. They are able to “detour” to Hawaii, pass through the Revillagigedo Islands and return to the Mexican coast! It is not entirely clear if they follow the earth’s magnetic fields or if they learn the route when they first travel next to their mothers, or if they take advantage of the visual or audible signals they have at their disposal to orient themselves, such as the topography of the background from the sea, sea currents or sounds, both natural and those caused by seaports and human activities along its routes. To migrate, adult males put aside their old quarrels and become friends again, recovering the harmony and solidarity that characterizes them as a species. They prefer to travel quietly in pairs or small groups, allowing them both to save energy and to keep company during the monotonous journey.

Mientras tanto las madres y sus crías realizan un viaje más lento y generalmente solas, en el que el ballenato se coloca frente a su madre y es “empujado” por ella, aprovechando así las leyes de la hidrodinámica. Así, el gasto de energía del ballenato es mínimo y puede reservarlo para los difíciles momentos que se avecinan. Por suerte no falta algún generoso macho que les escolte por un tiempo, aunque siempre se mantienen en silencio para evitar llamar la atención de las orcas, quienes patrullan incesantemente las costas de California en busca de algún ballenato para alimentarse. Aunque los ataques son comunes, la colaboración inmediata de otros adultos para contraatacar contribuye enormemente a la supervivencia de las crías. ¡Qué viaje tan difícil y lleno de peligros! Tras imaginarme su viaje, no me queda más que reflexionar un poco y desearles un buen viaje, esperando verlas de nuevo: ¡Hasta pronto ballenas!

Meanwhile, the mothers and their young make a slower and generally alone journey, in which the calf stands in front of its mother and is “pushed” by her, thus taking advantage of the laws of hydrodynamics. This way, the calf’s energy expenditure is minimal, and they can reserve it for the difficult moments that lie ahead. Luckily there is no lack of a generous male to escort them for a time, although they always remain silent to avoid attracting the attention of the orcas, who patrol incessantly the California coast in search of some calf to feed. Although attacks are common, the immediate collaboration of other adults to fight back contributes greatly to the offspring’s survival. What a difficult and dangerous journey! After imagining their trip, I can only reflect a little and wish them a good trip, hoping to see them again: See you soon whales!

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