Cuando la vida silvestre nos rodea

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Recuerdo cuando me mudé a vivir a Puerto Vallarta durante la segunda mitad de los años 1990´s. ¡Cuánta vida silvestre por metro cuadrado! Aunque desde mi niñez había convivido muy de cerca con la naturaleza, quedé maravillado de cuanta vida había donde quiera que mirara. Era una casa antigua y poco atractiva, pero me encantaba porque en ella habitaban, además de un batallón de termitas que tenían ahuecados todos sus elementos de madera, al menos cuatro especies distintas de hormigas, un número indeterminado de arañas de todos los tamaños, alacranes y geckos que hacían de cualquier rendija su escondite, y un montón de otros animales que habitaban en el jardín, incluidas dos especies de sapos, tres especies de ranas, lagartijas de cola azul, iguanas negras, iguanas verdes y alguna despistada e inofensiva serpiente.

 

Cuando instalé mi “oficina” en la playa y los jardines del hotel Marriott para desarrollar un proyecto de protección de tortugas marinas, descubrí también que por las noches había una interesantísima vida silvestre que de forma discreta visitaba la propiedad, incluidos los traviesos mapaches o el fantástico chotacabras -Lesser nighthawk- (Chordeiles acutipennis) quien pasaba volando en total silencio por encima de los noctámbulos paseantes mientras capturaba al vuelo los insectos que se veían atraídos por las luces, y cómo olvidar a los geniales murciélagos polinizadores (Glossphaga soricina) que aún hoy visitan las flores de la vegetación que hay en los jardines. Y mientras, sin percatarse de su presencia, los huéspedes me preguntaban intrigados: ¿Qué es eso que suena?, ¿grillos? Y yo les contestaba ¡Son ranas!

 

Oh, qué maravillosa es la vida silvestre… ¡Y la apreciamos tan poco! Menos mal que una importante parte de quienes visitan la Bahía de Banderas se ven atraídos precisamente por su gran riqueza natural y vienen en busca de una experiencia -cercana y única- con la naturaleza más silvestre. Podríamos hablar de las famosas ballenas jorobadas, los delfines o las tortugas marinas, pero por qué no mencionar a tantos seres que, ya sea por su tamaño, sus discretas vidas o simplemente porque no tienen el aspecto más bello o gracioso nos pasan desapercibidos a pesar de su importancia.

 

Por ejemplo, estamos a nada de que comiencen a aparecer los cangrejos terrestres (Gecarcinus quadratus), quienes tras permanecer invisibles durante casi un año, surgen de los confines de las selvas para intentar aparearse en el mar, pues aunque son terrestres, aún necesitan del mar para la puesta de huevos y el desarrollo de sus larvas. Es frustrante ver cómo son atropellados continuamente en sus intentos de cruzar las calles y carreteras. Si encuentra uno protéjale y considérese afortunado de encontrarlo, pues cada año se les ve en menor cantidad. Esto me lleva de regreso al pasado, cuando en algunas secciones de la original carretera a Punta Mita y de la carretera a Mismaloya aparecían oleadas enteras de miles de coloridos cangrejos que bajaban de las montañas para cumplir su cita. Afortunadamente, dentro de unos meses surgirán del mar pequeñísimas réplicas que harán su épico recorrido hacia las montañas para vivir tranquilamente bajo la hojarasca.

 

Tome nota mi estimado lector: El 3 de marzo se celebra el Día Mundial de la Vida Silvestre y quiero invitarle a que no solo éste, sino cada día del año, rindamos homenaje a toda esa vida silvestre que aunque parezca invisible, está ahí haciendo su parte que le corresponde: polinizando plantas, controlando plagas de mosquitos, fertilizando los bosques y las selvas, o simplemente haciendo de este planeta un sitio más diverso y maravilloso. Quién sabe, tal vez en el futuro alguno de esos misteriosos seres nos sorprenderá con alguna habilidad o atributo nunca antes descrito por la ciencia, y sea él, ese invisible ser salvaje e indomable, quien tenga la solución y nos inspire para hacer de éste un mundo mejor. ¡Celebremos a la vida que nos rodea!

 

 

When wildlife surrounds us

 

I remember when I moved to Puerto Vallarta during the second half of the 1990s. How much wildlife per square meter! Although since my childhood I had lived closely with nature, I was amazed at how much life there was wherever I looked. It was an old and unattractive house, but I loved it because there lived, in addition to a termite battalion that had all its wooden elements hollowed out, at least four different species of ants, an undetermined number of spiders of all sizes, scorpions and geckos that made their hiding place of any slit, and lots of other animals that lived in the garden, including two species of toads, three species of frogs, blue-tailed lizards, black iguanas, green iguanas and some clueless and harmless snake.

 

When I installed my “office” on the beach and the gardens of the Marriott hotel to develop a sea turtle protection project, I also discovered that at night there was a very interesting wildlife which discreetly visited the property, including the naughty raccoons or the fantastic Lesser nighthawk (Chordeiles acutipennis) who flew in complete silence over the night dwellers while capturing the insects that were attracted to the lights on the flight, and how to forget the great pollinating bats (Glossphaga soricina) that still today visit the flowering vegetation in the gardens. And while, without noticing their presence, the guests asked me intrigued: What is that sound? Crickets? And I answered them, they are frogs!

 

Oh, how wonderful wildlife is … And we appreciate it so little! Luckily an important part of those who visit Banderas Bay are attracted precisely by its great natural wealth and come in search of an experience – close and unique – with the wildest nature. We could talk about the famous humpback whales, dolphins or sea turtles, but why not mention so many beings that, either because of their size, their discreet lives or simply because they do not have the most beautiful or funny look, they go unnoticed despite its importance

 

For example, we are close to the appearance of the land crabs (Gecarcinus quadratus) begin to appear, who after remaining invisible for almost a year, emerge from the confines of the jungles to try to mate in the sea, because although they are terrestrial, they still need the sea for laying eggs and the development of their larvae. It is frustrating to see how they are continuously run over in their attempts to cross the streets and roads. If you find one, protect it and consider yourself lucky to find it, because every year you see them in smaller quantities. This brings me back to the past, when in some sections of the original road to Punta Mita and the road to Mismaloya appeared whole waves of thousands of colorful crabs coming down the mountains to keep their date. Fortunately, in a few months very small replicas will emerge from the sea that will make their epic journey to the mountains to live quietly under the leaf litter.

 

Take note my dear reader: On March 3, World Wildlife Day is celebrated and I want to invite you not only to this one, but every day of the year, we pay tribute to all that wildlife that although seemingly invisible, is there playing its part: pollinating plants, controlling mosquito pests, fertilizing forests and jungles, or simply making this planet a more diverse and wonderful place. Who knows, maybe in the future some of those mysterious beings will surprise us with some skill or attribute never before described by science, and it is he, that invisible being wild and indomitable, who has the solution and inspires us to make it a better world. Let’s celebrate the life around us!

 

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